Porque llamar a la API desde el navegador funciona a la primera y montar una función de servidor que haga de intermediaria no. Cuando el objetivo es ver la función de IA andando esta tarde, el camino corto gana. Muchos ejemplos oficiales, además, están escritos para ejecutarse en un servidor, y al copiarlos a una app de navegador la clave se va con ellos.
Estas claves son un caso aparte por la velocidad. Una clave de base de datos filtrada exige que alguien decida qué hacer con tus datos; una clave de IA filtrada tiene un valor inmediato y líquido para cualquiera, porque se revende el acceso. Hay bots dedicados a rastrear webs y repositorios buscando exactamente estos patrones, y encuentran una clave nueva en cuestión de horas.
La consecuencia no es sutil: es una factura. Los casos que se cuentan van de cientos a miles de euros consumidos en pocos días, y el proveedor cobra ese consumo porque técnicamente lo autorizó tu clave.